Negarte a deshacerte de un sujetador que se cae a pedazos.
Arrancar los pelos de tus pezones.
Aplicar nuevo maquillaje sobre el anterior porque te dio flojera limpiarlo hace varios días.
Enviarle mensajes de texto a tu mejor amiga sobre el intenso flujo durante tu periodo.
Seguir usando ropa interior que se ha manchado con sangre fresca durante tu periodo porque no te importa.
Quitarte el esmalte de las uñas y dejar esparcidas las pequeñas virutas.
Rociar con desodorante prendas sudadas y sucias como una solución rápida para usarlas de nuevo en lugar de lavarlas.
Terminar con tus vellos púbicos enredados entre las alas de tu toalla femenina.
Frotar tus velludas piernas contra tu mejor amiga por diversión
Usar ropa con manchas visibles porque: "Bueno, qué importa, nadie lo notará".
Usar la misma apestosa ropa de gimnasio tres veces seguidas sin lavarla.
Manchar un poco tus sábanas con sangre de tu periodo pero estar demasiado cansada para cambiarlas inmediatamente.
Disfrutar extrayendo los vellos encarnados.
Usar el mismo maloliente sujetador durante un mes sin lavarlo.
Solo depilar las secciones de piel que todos verán.
Emplear el secado por goteo cuando no había papel higiénico en lugar de gritar para que alguien te trajera un poco.
Usar ropa interior a la que no pudiste quitarle las manchas que dejó tu periodo.
Examinar la cantidad de fluidos en un sangriento tampón que salió de ti.
Usar la misma ropa interior dos días seguidos.
Sentir satisfacción al extraer un vello de tu trasero.
Divertirte con la cola de caballo de vello púbico que sobresale por el agujero de tu ropa interior.
Comer las migajas que han caído en tu escote.
Rascarte ~allí abajo~ y ver a qué huele.
Quitar los pedazos de piel seca de tus labios y dejar los restos.
No limpiarte bien pero sentir como "qué importa".
Emocionarte realmente al reventarte un grano muy grande.
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